El futuro de la movilidad ya rueda entre nosotros

El futuro de la movilidad ya rueda entre nosotros

¿Recuerda la sensación cuando sostuvo por primera vez un nuevo teléfono? La pantalla táctil, las aplicaciones descargables, la conectividad constante... transformó un teléfono en una extensión vital de nuestra vida cotidiana. Jorge Vázquez-Murillo, Director de Investigación y Desarrollo en México y Director de la Ubicación Monterrey de ZF Group, traza un paralelo impactante: la industria automotriz está viviendo hoy su momento "iPhone". Durante su reveladora conferencia en el Global Transportation & Innovation Summit (GTI Summit), titulada “5 competencias tecnológicas que necesita el talento automotriz para 2030”, Vázquez-Murillo no solo pintó un futuro fascinante, sino que declaró con contundencia: el futuro de la movilidad, donde los autos son plataformas inteligentes definidas por software, ya no es ciencia ficción, está aquí. Y al igual que los smartphones, transformarán radicalmente nuestra relación con el transporte, la tecnología y el espacio urbano. México, con actores como ZF Group apostando fuerte desde centros como Monterrey, no es un espectador pasivo, sino un protagonista en ciernes de esta revolución sobre ruedas.

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El salto cuántico: Del motor de combustión a la plataforma de software personalizable

La comparación con el teléfono inteligente no es casual ni superficial. Es estructural. Así como el iPhone dejó de ser un simple dispositivo para hacer llamadas y se convirtió en una plataforma abierta, personalizable y constantemente actualizable, el automóvil está evolucionando de una máquina mecánica fundamentalmente estática a un "dispositivo" móvil definido por su software. Vázquez-Murillo lo resume con claridad: "La experiencia del usuario será digital. El coche será como un smartphone sobre ruedas, diseñado para adaptarse a cada conductor."

Este cambio de paradigma resuelve un punto de dolor fundamental de la era automotriz anterior: la estandarización rígida y la obsolescencia acelerada. Antes, las características de un vehículo se "congelaban" en la línea de producción. Hoy, gracias a arquitecturas electrónicas centralizadas (como los potentes computadores de a bordo que reemplazan docenas de unidades de control electrónico dispersas), las funcionalidades pueden añadirse, mejorarse o personalizarse mediante actualizaciones de software "over-the-air" (OTA), incluso años después de la compra. ¿Quiere un nuevo sistema de asistencia al conductor? ¿Un modo de conducción más eficiente? ¿Una interfaz de entretenimiento personalizada? Podría ser tan sencillo como descargar una aplicación en su teléfono. Esta personalización profunda y continua redefine radicalmente la propiedad del vehículo y la experiencia del usuario, transformando el auto de un producto estático en un servicio en constante evolución.

La electrificación: El sistema nervioso que alimenta la revolución digital

Esta transformación digital no ocurre en el vacío. Es inseparable de otra megatendencia que actúa como su catalizador esencial: la electrificación del parque vehicular. Vázquez-Murillo destacó los tres tipos de vehículos que lideran esta transición: los eléctricos puros (BEV), los híbridos enchufables (PHEV) y los vehículos con extensor de rango (EREV). Todos comparten un núcleo común: sistemas de propulsión eléctrica diseñados para maximizar la eficiencia energética y minimizar drásticamente las emisiones contaminantes.

¿Por qué es crucial la electrificación para el "auto-smartphone"? Por varias razones profundas. Primero, simplifica la arquitectura mecánica. Los motores eléctricos son inherentemente más simples que los de combustión interna, liberando espacio físico y complejidad, lo que permite enfocar recursos (económicos y de ingeniería) en el desarrollo de los sistemas digitales, la conectividad y la autonomía. Segundo, proporciona la potencia eléctrica estable y abundante que requieren los potentes computadores, sensores avanzados (LiDAR, radar, cámaras de alta resolución), sistemas de conectividad 5G/6G y pantallas de última generación que son el alma del vehículo inteligente. Un motor de combustión simplemente no puede soportar de manera eficiente esta demanda energética creciente. Tercero, la batería se convierte en una plataforma de energía móvil, abriendo posibilidades futuras como la carga bidireccional (V2G - Vehicle to Grid), donde el auto no solo consume energía, sino que puede devolverla a la red o alimentar una casa, añadiendo otra capa de funcionalidad "smart".

México: De ensamblador a innovador en la autopista eléctrica

Las proyecciones de Vázquez-Murillo son contundentes: para 2030, el 30% de los vehículos vendidos globalmente serán eléctricos o híbridos. Pero lo más relevante para nuestro contexto es el ritmo acelerado de adopción en México. Con incrementos anuales en ventas que alcanzan el 50%, el país demuestra un apetito creciente por estas tecnologías. "Es una transformación irreversible," afirmó. "La movilidad eléctrica será tan común como hoy lo es un celular."

Este no es un cambio que México simplemente reciba; es una oportunidad para redefinir su papel en la cadena de valor global automotriz. Tradicionalmente fuerte en manufactura y ensamblaje mecánico, la transición hacia vehículos definidos por software y electrificados exige nuevas capacidades. Aquí es donde actores globales con visión, como ZF Group, están haciendo una apuesta estratégica. Su centro de investigación y desarrollo en Monterrey no es una mera oficina; es un nodo de innovación activo, enfocado en desarrollar las tecnologías clave para esta nueva era: desde sistemas avanzados de conducción autónoma (ADAS) y chasis inteligentes, hasta la propia arquitectura de software y electrónica de potencia para vehículos eléctricos.

ZF Group está invirtiendo en consolidar a México, y particularmente a Nuevo León con su ecosistema industrial y académico robusto, como un "hub" de innovación en movilidad. Esto significa ir más allá de fabricar componentes; implica diseñar, desarrollar software, integrar sistemas complejos y pensar en soluciones de movilidad del futuro. Monterrey, con su talento y su infraestructura en desarrollo, tiene el potencial de convertirse en un referente regional, atrayendo más inversión en I+D y generando empleos de alto valor añadido. La promesa es pasar de ser un brazo manufacturero a un cerebro innovador en el mapa global de la movilidad inteligente.

El talento 2030, la brecha crítica entre el presente y el futuro

Sin embargo, esta brillante transformación tecnológica enfrenta un desafío monumental: la brecha de talento. Vázquez-Murillo fue categórico: “Ya no basta con saber ensamblar o reparar autos. Necesitamos perfiles con conocimiento en software, electrónica, inteligencia artificial y sistemas embebidos.” El mecánico tradicional debe evolucionar hacia un "médico de sistemas" capaz de diagnosticar fallas de software, actualizar firmware o calibrar sensores complejos. Los ingenieros mecánicos deben fusionar sus conocimientos con la electrónica y la ciencia de datos. Se necesitan ejércitos de desarrolladores de software especializados en sistemas embebidos (los computadores que controlan el auto), expertos en ciberseguridad vehicular (proteger un auto conectado es tan crítico como proteger un banco), ingenieros en aprendizaje automático (machine learning) para la autonomía, arquitectos de redes de vehículo-a-todo (V2X), y especialistas en experiencia de usuario (UX) para interfaces humano-máquina intuitivas y seguras.

Este es quizás el punto de dolor más agudo y urgente. Las universidades y centros de formación técnica mexicanos tienen la titánica tarea de revolucionar sus currículos a una velocidad sin precedentes. La colaboración industria-academia se vuelve no sólo deseable, sino vital. Programas de capacitación continua para la fuerza laboral existente son esenciales para evitar una obsolescencia masiva de habilidades. La "reconversión cerebral" del sector es la llave para que México no solo participe en esta revolución, sino que lidere segmentos de ella. Las "5 competencias tecnológicas" que Vázquez-Murillo esbozó para 2030 no son un deseo, son el pasaporte obligatorio para el futuro del sector automotriz mexicano.

La analogía del "smartphone sobre ruedas" de Jorge Vázquez-Murillo no es una metáfora lejana; es el plano arquitectónico del automóvil que ya está tomando forma en los centros de diseño y en las líneas de producción más avanzadas. La convergencia imparable de la digitalización (software como rey), la electrificación (la energía del futuro) y la conectividad/autonomía (la nueva forma de moverse) está redefiniendo no solo cómo se construyen los autos, sino para qué sirven y cómo interactuamos con ellos.

México, y Nuevo León de manera destacada gracias a apuestas visionarias como la de ZF Group en Monterrey, tiene una oportunidad histórica. No es solo la posibilidad de seguir siendo un jugador manufacturero relevante, sino de dar el salto cualitativo hacia la innovación de alto impacto. El centro de I+D de ZF en la Sultana del Norte es un faro, una declaración de que el talento mexicano puede y debe estar en la vanguardia del desarrollo de estas tecnologías disruptivas.

Sin embargo, el camino no está exento de baches. La brecha de talento especializado es el obstáculo más grande a superar. Requiere una movilización nacional: políticas públicas enfocadas, universidades ágiles y adaptadas, empresas comprometidas con la capacitación y, sobre todo, una nueva generación de jóvenes que vean en la ingeniería de software automotriz, la ciberseguridad vehicular o la inteligencia artificial aplicada a la movilidad, no solo un empleo, sino una pasión con la que construir el futuro.

El futuro de la movilidad ya está aquí. Suena el motor eléctrico, parpadean las líneas de código, y los sensores escanean el camino. México tiene la oportunidad de ser mucho más que un ensamblador; puede ser un codesarrollador, un innovador, un protagonista en esta nueva era donde el auto es, ante todo, una experiencia digital inteligente, segura, sostenible y personalizada que nos lleva hacia adelante. Monterrey, con su dinamismo y su apuesta por la tecnología, tiene el potencial de estar literalmente, y también metafóricamente, en el asiento del conductor. El viaje acaba de acelerar. ¿Estamos todos a bordo y listos para el siguiente nivel? La carretera del futuro inteligente está abierta, y el destino depende de las capacidades que desarrollemos hoy.

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