Más allá del velocímetro, las Fotomultas "Invisibles" que Impactan tu bolsillo en CDMX

Más allá del velocímetro, las Fotomultas "Invisibles" que Impactan tu bolsillo en CDMX

El paisaje urbano de la Ciudad de México está a punto de volverse más vigilante. Con el anunciado regreso de las licencias de conducir permanentes para 2025, las autoridades capitalinas también han dejado claro que viene una era de mayor rigor en la aplicación del Reglamento de Tránsito. Las emblemáticas fotomultas, ausentes durante un tiempo pero nunca olvidadas, se perfilan como una de las herramientas clave en esta "mano dura" prometida, motivada por un preocupante incremento en accidentes viales, muchos vinculados al exceso de velocidad y al consumo de alcohol. Sin embargo, existe una percepción generalizada – y peligrosamente errónea – de que estas cámaras solo "disparan" cuando un vehículo supera el límite de velocidad. La realidad es mucho más compleja y, para conductores particulares y flotillas empresariales por igual, conocerla es crucial para evitar sorpresas desagradables que impacten directamente en la economía personal y operativa.

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Fotomultas vs. Fotocívicas, entendiendo la diferencia

Antes de profundizar en las infracciones "sorpresa", es vital distinguir entre los dos sistemas de vigilancia automatizada que operan o operarán en la CDMX:

Fotomultas: Son las cámaras tradicionales asociadas a una sanción económica directa. Detectan una infracción, capturan la evidencia (foto o video de la placa y la maniobra), y se emite una multa que debe ser pagada por el propietario del vehículo. El monto varía según la gravedad de la falta.

Fotocívicas: Este es un sistema más reciente basado en un modelo de puntos. Las cámaras detectan infracciones, pero en lugar de una multa económica inmediata, se asignan puntos negativos a las placas del vehículo. Al acumular cierto número de puntos, las consecuencias pueden ir desde trabajo comunitario hasta la obligatoriedad de tomar cursos de educación vial, o incluso la suspensión de la licencia de conducir. No generan una deuda monetaria directa al momento de la infracción, pero sus consecuencias a medio plazo son igualmente serias.

El enfoque de este artículo son las fotomultas y las infracciones menos conocidas que pueden activarlas, generando un gasto inmediato y cuantioso.

Aquí es donde radica el desconocimiento que puede costar miles de pesos. Las cámaras de fotomulta están programadas (o lo estarán próximamente) para detectar una variedad de violaciones al reglamento, no solo el exceso de velocidad. Algunas de las más relevantes y costosas son:

Estacionarse en Doble Fila. Imaginemos el escenario típico: un repartidor de una flotilla de reparto urgente, bajo presión de tiempo, se detiene "solo un momentito" en doble fila para entregar un paquete, bloqueando parcial o totalmente un carril de circulación. Una cámara de fotomulta lo capta. Consecuencia: Una multa de $3,340 pesos. Multiplica esto por varios vehículos de una flotilla y el impacto operativo y financiero es severo. La justificación "fue rápido" no exime de la sanción automatizada.

Reservar espacio, un lujo prohibido (y costoso). Una práctica lamentablemente común, especialmente en zonas comerciales o residenciales con alta demanda de estacionamiento, es colocar cubetas, conos, cajas, sillas, o cualquier objeto para "reservar" un espacio público frente a un negocio o domicilio e impedir que otros se estacionen. Si una cámara capta un vehículo asociado a esta acción (por ejemplo, el auto del dueño del negocio colocando el cono o estacionados después de retirarlo), la sanción por obstruir la vía pública con objetos es de $2,389 pesos. Esto afecta directamente a pequeños comercios o servicios que incurren en esta práctica.

Circular sin espejos laterales. Puede parecer una falta menor, pero la ausencia de espejos laterales compromete gravemente la visibilidad del conductor, aumentando el riesgo de accidentes al cambiar de carril o girar. Circular sin estos espejos esenciales puede generar una fotomulta de $1,024 pesos. Para flotillas de vehículos de trabajo que sufren desgaste o pequeños daños, es un recordatorio crucial de la importancia del mantenimiento preventivo básico.

La infracción grave. Pasarse el alto. Aunque quizás más conocida que las anteriores, es vital recordar que las cámaras también pueden detectar la violación a un semáforo en rojo o una señal de "ALTO". Esta es una de las multas más altas: $4,779 pesos. Ignorar estas señales es una de las causas principales de colisiones graves en intersecciones.

Para las empresas con flotillas vehiculares (reparto, ventas, servicios técnicos, transporte ejecutivo), el desconocimiento de este amplio espectro de infracciones fotomultas se traduce directamente en un punto de dolor financiero y operativo significativo:

Costos imprevistos y recurrentes: Las multas, especialmente las relacionadas con el estacionamiento (doble fila, "reservar" espacio), pueden volverse recurrentes si los conductores no cambian sus hábitos. $3,340 o $2,389 pesos por incidente, multiplicados por varios vehículos y varias veces al mes, erosionan rápidamente los márgenes de beneficio. Son gastos operativos evitables que no estaban presupuestados.

Impacto en la productividad: Un vehículo inmovilizado por una infracción grave, o un conductor que debe ausentarse para resolver una multa, significa tiempo perdido y servicios no prestados. La gestión administrativa de las multas (recibir notificaciones, realizar pagos, posibles trámites) también consume recursos internos.

Daño a la imagen corporativa: Vehículos de una empresa estacionados en doble fila obstruyendo el tránsito, o peor aún, siendo captados "reservando" espacio de manera abusiva, generan una percepción negativa en la comunidad y entre clientes potenciales. Es una publicidad contraproducente.

Riesgo de siniestralidad: Infracciones como circular sin espejos o pasarse el alto, además de la multa, aumentan exponencialmente el riesgo de sufrir un accidente. Esto conlleva costos mucho mayores: daños al vehículo, lesiones al personal, terceros afectados, trámites legales, aumento de primas de seguros, y pérdida temporal o permanente de un activo (el vehículo).

La buena noticia es que este riesgo es manejable con proactividad y educación:

No basta con hablar de velocidad y alcohol. Las capacitaciones para conductores (propios o subcontratados) DEBEN incluir información detallada y actualizada sobre TODAS las infracciones sujetas a fotomulta, con énfasis en las menos conocidas como estacionamiento en doble fila y obstrucción con objetos. Utilizar ejemplos concretos y los montos de las multas es un potente disuasivo.

Establecer protocolos explícitos que prohíban terminantemente el estacionamiento en doble fila (excepto en emergencias reales y reportadas) y, por supuesto, el uso de objetos para reservar espacio. Dejar claro que el costo de la multa recaerá en el conductor o afectará su desempeño evaluado, salvo fuerza mayor debidamente justificada.

Para flotillas de reparto o servicio, invertir en herramientas de planificación de rutas que identifiquen zonas con estacionamiento legal disponible cerca de los puntos de entrega/visita. Fomentar el uso de estacionamientos públicos o privados autorizados, aunque implique un pequeño costo o unos minutos más de caminata. La multa por doble fila es mucho más alta que una tarifa de estacionamiento.

Implementar chequeos diarios o semanales obligatorios que incluya verificar el estado y presencia de todos los espejos (laterales y retrovisor), luces, placas visibles, etc. Un espejo roto debe ser reparado inmediatamente, no "cuando haya tiempo".

Considerar sistemas de telemetría o apps que permitan un mejor seguimiento de los vehículos, ayudando a identificar patrones de conducción riesgosos o paradas en lugares prohibidos. Algunos sistemas incluso pueden alertar en tiempo real sobre zonas de alto riesgo de fotomultas.

Fomentar desde la dirección una cultura empresarial que priorice la seguridad vial, el respeto al reglamento y la convivencia urbana. Reconocer a los conductores que operan de manera segura y legal.

El regreso de las fotomultas en CDMX, con su amplio alcance más allá de los radares de velocidad, no es solo un tema de tránsito; es un asunto estratégico para cualquier negocio que dependa de vehículos en la capital. La amenaza no son las cámaras en sí mismas, sino el desconocimiento y los malos hábitos arraigados.

Las cifras son contundentes: $3,340 por una parada "rápida" en doble fila, $2,389 por un cono colocado para "proteger" un espacio, $1,024 por un espejo lateral roto que no se reparó a tiempo, o $4,779 por ignorar un alto. Estos no son costos abstractos; son deducciones directas de la rentabilidad, recursos que podrían invertirse en crecimiento, mejor equipo o capacitación.

La solución no está en evadir las cámaras, sino en adelantarse a ellas. Para la empresa automotriz, el concesionario preocupado por sus clientes, la flotilla de reparto o la empresa de servicios, la inversión en educación vial específica, políticas claras, planificación logística inteligente y mantenimiento impecable se convierte en un escudo financiero esencial. Transformar la conducción en la ciudad de un acto reactivo y riesgoso a uno proactivo, seguro y reglamentario, no solo evitará el dolor económico de las multas "sorpresa", sino que mejorará la eficiencia, protegerá la imagen de marca y, lo más importante, contribuirá a una CDMX más segura para todos.

Las cámaras están observando, mucho más de lo que muchos imaginan. La pregunta para tu empresa es: ¿Tu flotilla y tus conductores están realmente preparados para ese escrutinio constante? Actuar hoy con conocimiento y prevención es la única estrategia inteligente para evitar que las fotomultas se conviertan en un impuesto silencioso e indeseado a tu operación en la bulliciosa capital. La seguridad vial y la salud financiera de tu negocio van, definitivamente, por el mismo carril.

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