El Mundial de la FIFA 2026 no solo promete emociones futbolísticas desbordantes en el icónico Estadio Azteca; también está acelerando profundas transformaciones urbanas en la Ciudad de México. Una de las más significativas, y que impactará directamente a la industria automotriz y la movilidad diaria, es el anunciado proyecto de la ciclovía "La Gran Tenochtitlán". Este corredor de 34 kilómetros, que unirá Plaza Tlaxcoaque con el templo del fútbol sobre la emblemática Calzada de Tlalpan, implica un sacrificio tangible: la pérdida de al menos un carril para vehículos automotores en este vital eje vial. Con fecha de inicio de obras fijada para el próximo 11 de agosto y una meta de conclusión en diciembre de este mismo 2025, el proyecto plantea desafíos logísticos inmediatos, oportunidades de reinvención a mediano plazo y una reflexión obligada sobre el futuro de la movilidad en la capital. Para el sector automotriz, esta obra es mucho más que una ciclovía; es una señal clara de hacia dónde se dirige la ciudad y un llamado a la adaptación estratégica.
La Secretaría de Obras y Servicios (SOBSE) ha delineado un proyecto ambicioso. La ciclovía "La Gran Tenochtitlán" no será una simple raya pintada en el asfalto. Contará con confinamiento físico combinado, utilizando banquetas existentes, macetones y jardineras para separar claramente el espacio ciclista del tráfico vehicular. Este diseño busca priorizar la seguridad de los usuarios de la bicicleta, un aspecto crucial para fomentar su adopción masiva. Sin embargo, este confinamiento tiene un costo directo para el flujo automotor: la reconfiguración del espacio vial en la Calzada de Tlalpan resultará en la pérdida de al menos un carril dedicado a coches, autobuses y camiones en un tramo significativo de esta avenida, históricamente saturada.
El impacto en la capacidad vehicular es innegable. Tlalpan es un corredor fundamental para la conexión sur de la ciudad, utilizado diariamente por miles de automovilistas particulares, flotas de transporte público, vehículos de reparto y servicios. La reducción de carriles, especialmente durante el período de construcción y posteriormente, augura mayores tiempos de recorrido, incremento en los niveles de congestión y, potencialmente, un aumento en el estrés operativo para empresas que dependen de la movilidad eficiente en esta zona. El compromiso de realizar trabajos nocturnos, en coordinación con la Secretaría de Seguridad Ciudadana, es un reconocimiento tácito de la disrupción que generarán las obras durante el día. Aunque mitigará parcialmente el caos diurno, no lo eliminará.
Ante este escenario, la reacción inicial del sector automotriz y de logística podría ser de preocupación, incluso de frustración. Sin embargo, la coyuntura presenta una oportunidad única para repensar estrategias y alinearse con las tendencias globales de movilidad sostenible e inteligente, algo que el propio Mundial 2026, con su énfasis en legados positivos, promueve. Aquí es donde la visión empresarial puede convertir un aparente obstáculo en ventaja:
Logística de última milla inteligente: La congestión previsible refuerza la urgencia de optimizar las entregas. Las empresas de reparto y mensajería deben acelerar la adopción de soluciones como:
Microplataformas logísticas: Establecer pequeños centros de distribución más cercanos a las zonas de alta demanda en el sur de la ciudad para reducir distancias recorridas en vehículos grandes por Tlalpan.
Flotas multimodales: Integrar vehículos eléctricos ligeros (triciclos, cuatriciclos) o incluso servicios de cargo-bike para la última milla, aprovechando la nueva ciclovía para movimientos ágiles y libres de congestión, especialmente en horarios pico.
Tecnología avanzada: Uso intensivo de software de ruteo dinámico que considere en tiempo real las condiciones de tráfico, incluyendo las restricciones permanentes en Tlalpan, y horarios de entrega extendidos o nocturnos donde sea viable y seguro.
Revalorización del transporte corporativo: Las empresas con flotas vehiculares para empleados deben reevaluar su modelo:
Programas de movilidad sostenible: Fomentar activamente el uso de la bicicleta entre los empleados, no solo como gesto ecológico, sino como solución práctica para evitar los nuevos cuellos de botella. Esto implica ir más allá de instalar duchas; podría incluir subsidios para bicicletas (tradicionales o eléctricas), mantenimiento, o alianzas con sistemas de bicis compartidas.
Teletrabajo estratégico: Consolidar políticas de home office para días u horarios críticos, reduciendo viajes innecesarios.
Transporte colectivo empresarial: Optimizar rutas de camionetas o microbuses corporativos para maximizar su ocupación y eficiencia, compensando parcialmente la pérdida de capacidad vial individual.
Enfoque en vehículos híbridos y eléctricos: La congestión crónica es el peor enemigo de la eficiencia de combustión. Promover vehículos que consuman menos en el tráfico o que puedan circular en eventuales programas de restricción (Hoy No Circula extendido) se vuelve más relevante.
Atención a nuevos usuarios (Ciclistas): Talleres podrían diversificar ofreciendo servicios básicos de mantenimiento para bicicletas (especialmente eléctricas), o crear alianzas con talleres especializados. Concesionarios podrían explorar la venta o alianza con marcas de e-bikes de alta gama.
Un aspecto técnico crucial mencionado, y que afecta por igual a todos los usuarios de la vía (automovilistas, ciclistas, peatones, transporte público), es la problemática de encharcamientos e inundaciones en la Calzada de Tlalpan. El anuncio de la mesa de trabajo con la Secretaría de Gestión Integral del Agua (SEGIAGUA) para implementar obras de mitigación es una noticia positiva, pero su efectividad será crítica.
Impacto en la operatividad: Inundaciones recurrentes paralizan la vía, causando pérdidas económicas significativas por retrasos, daños a vehículos y mercancías, y deterioro acelerado de la infraestructura vial y la propia ciclovía. Para el sector automotriz, esto se traduce en vehículos averiados, entregas fallidas y clientes insatisfechos.
La ciclovía como catalizador: La construcción de la ciclovía ofrece una oportunidad única para abordar integralmente el drenaje pluvial en este corredor. Las obras deben ir más allá de parches e incluir soluciones estructurales como ampliación de colectores, instalación de sistemas de retención o infiltración, y mantenimiento preventivo profundo. La SOBSE y SEGIAGUA tienen la responsabilidad de ejecutar esto de manera coordinada y transparente. La industria debe monitorear este aspecto y abogar por soluciones duraderas, ya que la resiliencia de la vía beneficia a todos.
Cultura vial y mantenimiento: La Demanda Vecinal como Imperativo Empresarial Las demandas expresadas por vecinos y ciclistas durante la presentación del proyecto apuntan a dos factores esenciales para el éxito a largo plazo y, por ende, para la mitigación del impacto negativo sobre la movilidad general:
Mantenimiento constante: Una ciclovía descuidada (con baches, obstrucciones, falta de señalización) no solo disuade su uso, sino que puede generar accidentes y conflictos viales que afectan también al tráfico motorizado. La exigencia vecinal de que no se abandone la obra tras su inauguración es vital. La industria tiene interés en que la infraestructura vial (incluida la ciclista) esté en óptimo estado para garantizar flujos predecibles y seguros. Podría ejercer presión constructiva o incluso explorar esquemas de colaboración público-privada para el mantenimiento de ciertos tramos, siempre con claridad en responsabilidades.
Campañas de cultura vial: La coexistencia segura entre coches, camiones, autobuses, bicicletas y peatones en un espacio más restringido requiere un cambio de comportamiento. La implementación de campañas masivas y efectivas de educación vial, con señalización clara y mensajes que fomenten el respeto mutuo, no es un gasto, es una inversión en seguridad y eficiencia. Las empresas automotrices, asociaciones de transporte y cámaras de comercio podrían ser aliados estratégicos del gobierno en financiar o co-diseñar estas campañas, demostrando liderazgo y compromiso con la movilidad segura de la ciudad que les da sustento.
La ciclovía "La Gran Tenochtitlán" en la Calzada de Tlalpan es mucho más que un proyecto de infraestructura impulsado por un evento deportivo global. Es un símbolo poderoso, y tangible, de la transformación que vive la Ciudad de México hacia un modelo de movilidad menos dependiente del automóvil particular. La pérdida de un carril para autos es un dolor real y presente para la industria automotriz y la logística, un desafío operativo que exigirá ingenio, inversión en tecnología y reconfiguración de rutinas.
Sin embargo, enterrar la cabeza en el asfalto no es una opción. Este proyecto representa una llamada de atención urgente a la adaptación estratégica. Las empresas que vean en la ciclovía y en la congestión resultante únicamente un problema están condenadas a sufrir sus efectos. En cambio, aquellas que identifiquen las oportunidades – en la optimización logística mediante vehículos alternativos y tecnología, en la promoción de modelos de transporte corporativo más sostenibles y eficientes, en la innovación de servicios automotrices que atiendan las nuevas necesidades (incluyendo las de los propios ciclistas), y en la colaboración para solucionar problemas comunes como las inundaciones y la cultura vial – serán las que no solo sobrevivan a la transición, sino que prosperen en la nueva realidad urbana.
El Mundial 2026 pasará, pero la ciclovía La Gran Tenochtitlán, y la reducción de espacio para autos que conlleva, llegó para quedarse. Es un recordatorio de que el futuro de la movilidad en las megaciudades como la CDMX es, inevitablemente, multimodal, más lento en algunos aspectos, pero potencialmente más eficiente y sostenible en conjunto. La industria automotriz tiene un papel crucial que desempeñar en este futuro, no como obstáculo, sino como facilitadora de soluciones integradas. El éxito dependerá de su capacidad para pivotar, innovar y colaborar, convirtiendo el desafío de Tlalpan en un caso de estudio de adaptación exitosa para la movilidad del siglo XXI. La obra comienza el 11 de agosto; la reinvención empresarial debe comenzar hoy.
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